¿Cómo puede ser una luz a la vez oscura y blanca? Esta
paradoja es la que divisamos los alumnos de segundo de bachillerato al final de
nuestro túnel. Al final de este curso lleno de interminables horas plagadas de
apuntes, libros, ejercicios, trabajos y proyectos…hay un nuevo futuro que a la
vez que nos da miedo, nos ilusiona. Es ilusión lo que nos empuja a estudiar por
fin lo que queremos, a seguir formándonos como personas y a seguir aprendiendo.
Echando la vista atrás es imposible no recordar aquel lejano
primer día en el que cruzamos la verja roja que separa el mundo exterior de
esta pequeña ciudad que se ha convertido durante todos estos años en nuestro
segundo hogar. Por aquel entonces éramos más bien “mochilas con patas” e íbamos
de un edificio a otro sin saber muy bien qué esperar de cada clase. Aquí no
solo hemos aprendido historia, lengua, física, latín o economía…hemos aprendido
a hacer amigos, a respetar a los demás, a trabajar en grupo y a luchar por los
objetivos que queríamos conseguir.
Pero no hemos llegado hasta este momento con las manos
vacías. Han sido varios años de duro esfuerzo, de noches en vela, estrés,
agobio… pero han sido al mismo tiempo unos años maravillosos en los que se nos
ha dado la oportunidad de vivir muchísimas experiencias que no han hecho sino
enriquecernos por dentro. Las excursiones culturales, la semana del ritmo, las
actividades, los grupos de teatro y mediación, aquel maravilloso carnaval… (Que
por cierto ganamos), los claveles que inundaron el instituto el día de San
Valentín, los intercambios a Francia, a Alemania, la excursión a Teruel, el
viaje de fin de curso a Barcelona… Todo esto y mucho más es lo que nos hemos
llevado de estos seis años de instituto.
Todos estos pequeños retos que hemos ido superando día a día
no habrían sido posibles sin la ayuda de unas personas muy especiales que nos
han acompañado desde aquel septiembre de 2008 hasta hoy: los profesores.
Profesores que no solo han sido profesores, que han sido amigos, compañeros de
fatigas, maestros, tutores. Profesores que también tienen sueño los lunes por
la mañana y que también quieren irse a su casa los viernes a última. Profesores
que han reído e incluso llorado con nosotros y profesores a los que (no sabemos
muy bien cómo) todavía les queda paciencia para seguir dando clase. Gracias, es
lo único que podemos deciros a aquellos que habéis estado con nosotros en todo
momento, que habéis traspasado la barrera de la autoridad y nos habéis tendido
la mano, que nos habéis ofrecido vuestro consejo y vuestro apoyo. Gracias por
eso, y sobre todo, por todos y cada uno de los pedacitos de conocimiento que
nos habéis aportado durante todos estos años.
El hecho de estar
acabando segundo de bachillerato, nuestra etapa en el instituto y todo lo que
eso conlleva nos hace preguntarnos ¿y ahora qué? Esa pregunta que se ha posado
en nuestras mentes desde el inicio de este curso, que ha sido a la vez
maravilloso y agotador, es inevitable. Después de estudiar aquí durante seis
años, no solo hemos atesorado recuerdos, anécdotas…y algo de conocimiento.
También hemos adquirido una rutina, nos hemos acostumbrado a los mismos
horarios, las mismas caras, los mismos sitios, tanto que nos hemos instalado en
una especie de comodidad donde apenas hay imprevistos. Ahora… ¿ahora qué?
Se abre ante nosotros una nueva etapa, una página en blanco,
un lugar donde continuar escribiendo nuestra historia, un sitio donde poder
convertirnos por fin en las personas que siempre hemos soñado ser. Por fin hoy
podemos decir, que el final del camino, es también el principio.
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